martes, 24 de octubre de 2017

De la tierra del sin fin

Hay algo épico en la posibilidad de que Puigdemont comparezca en el Senado. Si comisión o pleno es irrelevante porque lo darán todas las televisiones, salvo que se atengan al criterio de impacialidad y equilibrio del gobierno, en cuyo caso emitirán la final de Wimbledon de 1998.

La cuestión es la comparecencia en sí misma. Desde los tiempos de Yugurta hay algo extraño en la presencia de rebeldes ante un solemne cuerpo legislativo cuya autoridad aquellos niegan. Extraño y siniestro. Lutero, citado a la Dieta de Worms, fue provisto de un salvoconducto de su protector, Federico III, Elector de Sajonia. Aun así, hubo que salvarlo de las consecuencias del terrible Edicto de Worms por un episodio de capa y espada. No se está haciendo comparación alguna, que sería desmesurada. Aquí no hacen falta salvoconductos. Estamos en un Estado de derecho. Lo de la dieta de Worms fue durante las guerras de religión. En efecto, en donde chocaban pasiones muy profundas. Como ahora con las guerras nacionales o por la nación. Pasiones tan profundas como para obnubilar la razón.

Puigdemont vendría al Senado en Madrid en un clima de franca y generalizada hostilidad. Es verdad que se trata de una buena ocasión para explicarse ante el conjunto de la ciudadanía y al extranjero. Es de suponer que su declaración sea transmitida íntegra por las televisiones. Y también es de suponer que habrá voces pidiendo su detención. Ayer las redes discutían acaloradamente esta eventualidad y así seguramente lo hace el govern. El fiscal general, reprobado por el Parlamento, recuerda que, si se proclama la DI, Puigdemont puede darse por preso. Y dado que la cuestión de la proclamación de la DI es tan insegura como el santo grial, así como que el fiscal Maza gusta de ser expeditivo, bien pudiera pedirse la detención del presidente de la Generalitat al bajar del AVE en Madrid.

Es impensable, ¿verdad? Pero según lo impensable va haciéndose realidad se hace menos impensable.

El plan del gobierno no deja lugar a dudas: un 155 máximo, equivalente en realidad a un estado de exepción, con intervención política (la económica ya funciona hace semanas), en la seguridad y en los medios públicos de comunicación. Esto último ha provocado situaciones tan vergonzosas como ese comunicado del consejo de redacción de RTVE oponiéndose al 155 en los medios catalanes mientras el gobierno siga teniendo la RTVE a su servicio. Un gesto de profesionalidad que ayuda a los trabajadores de TV3 y RAC1 a negar acatamiento a las directrices de intervención. La intervención de los mossos, que estos también rechazan, así como de las autoridades políticas catalanas (govern y Parlamento) que también anuncian desobediencia, configura una dictadura "constitucional" al estilo del artículo 48 de la Constitución de Weimar. Y más allá. La vicepresidenta del gobierno ya hace saber que la intervención (en realidad, ocupación) de Cataluña podrá prolongarse más de seis meses. Es decir, que se han saltado el último requisito que todavía quedaba en pie de la dictadura constitucional. Es la dictadura sin límite de tiempo, la de Mussolini, Stalin, Hitler y el discípulo de todos ellos y maestro de los actuales gobernantes, Franco.

Y roto el límite de tiempo, por el mismo precio, también se rompe el territorial y, sobrados de 155, los halcones del PP proponen aplicarlo asimismo en Castilla La Mancha, País Vasco y Navarra. Menudo éxito el de la Transición.

Con esta perspectiva de dinámica de fascistización, que trata de provocar conflictos sociales para justificar políticas represivas más intensas, la comparecencia de Puigdemont en el Senado es un gesto de enorme importancia. Por si hay alguna duda, invito a considerar lo que Puigdemont representa para las dos partes del conflicto. Para el gobierno y sus aliados, un obstinado rebelde contra la ley y la Constitución, un iluminado, un demagogo, en último término, un delincuente. En su animadversión incurren en el argumento típico de los matones de culpar a la víctima del maltrato: el responsable del 155 es Puigdemont, no quienes lo ponen en marcha. Un sujeto así, que pide que lo maltraten no merece respeto.

Para los independentistas y gran parte de los no independentistas es su presidente, el hombre que representa al pueblo catalán, cuyo ánimo de entendimiento pacífico y concordia está él encargado de exponer en el Senado. Se ha convertido en el símbolo de una lucha que se quiere secular de un pueblo masivamente alzado por su dignidad. Es un delirio, dicen los adversarios. Delirio, iluminación, pero es colectivo y, por cierto, republicano. Y lo representa este hombre.

Sea cual sea el resultado del evento, el nacionalismo español a la antigua usanza, representado en el triunvirato Rajoy, Sánchez, Rivera, tiene la batalla perdida porque carece de proyecto viable a medio y largo plazo. A corto es evidente puesto que anda a porrazos. Los de Podemos tratan de mantener la cabeza por encima del agua enunciando una tercera vía, consistente en el referéndum pactado que los indepes estuvieron proponiendo hasta que se hartaron. Como siempre, la tercera vía no existe. Es una de las otras dos más o menos vergonzante.

Porque, en efecto, cuanto más artificio represivo despliegue el Estado, más costará después desmontarlo cuando se compruebe que no ha servido para nada.

La llamada cuestión catalana que, sí, es en realidad cuestión española como se prueba hoy en Castilla La Mancha, País Vasco y Navarra, no es un problema de orden público, tampoco de legalidad; no es una cuestión jurídica siquiera. Es una cuestión de legitimidad, de principios que solo puede abordarse políticamente en una mesa de negociación, con un referéndum pactado por medio. Y lo sabemos todos.

Sustituir este escenario por otro de represión, censura, intervención, prohibiciones, detenciones, controles, multas, sanciones en una sociedad del siglo XXI, organizada en redes distribuidas es ridículo e inútil. Pero puede causar mucho daño y sufrimiento.

Las caras de la legalidad

Se aplicará el 155 para volver a la legalidad de la Gürtel. Y eso es lo que hay. Se escriben centenares de miles de palabras de todo tipo y calibre, se emplean miles de horas en atiborrar las ondas en la diatriba sobre la independencia/secesión de Cataluña. El ruido es espantoso. Se apresta una máquina de guerra que, si cuanto tiene de teatral lo tiene de eficaz, del enemigo no quedará ni el recuerdo.

Pero los hechos son tozudos: el partido de la Gürtel, con más de 700 imputados y condenados (exministros, expresidentes, etc), él mismo imputado por entenderse que es una presunta organización para delinquir, dirigido por un personaje acusado de cobrar sobresueldos en B y que ha comparecido ya como testigo, con una declaración que muchos consideran falsa, ese partido se encarga a sí mismo de imponer la legalidad en Cataluña. 

Y nadie piensa que será otro desastre.

lunes, 23 de octubre de 2017

Entre Carl Schmitt y Lenin: Cataluña y el poder dual

La aplicación del 155 tiene un eco schmittiano que han señalado algunos analistas. Del Schmitt muy preocupado por la defensa de la Constitución y la figura del "defensor de la Constitución", que venía a ser una forma de dictadura legal, a imitación de la figura del derecho romano.

Efectivamente, el 155 es una traducción literal (con alguna variante garantista) del 37 de la vigente Constitución alemana; tan literal que reproduce los mismos dos apartados con idéntico contenido. Pero es que el 37.1 de la Ley Fundamental es, a su vez, reproducción literal, aunque dulcificada, del primer apartado del famoso art. 48 de la Constitución de Weimar. Así que el 155 español reproduce en lo esencial el 48 de la Constitución alemana de 1919, el nido de la dictadura constitucional que daba plenos poderes al Presidente, aunque controlado por el Parlamento, que podía revocar sus medidas. Friedrich Ebert recurrió a él en algunas ocasiones cuando juzgó que se daba una amenaza seria al Reich y, con ello, acabó configurando la imagen práctica de lo que luego Schmitt teorizaría en 1929 como El defensor de la Constitución. Hay discrepancias sobre si la aportación del ilustre jurista sirvió de modelo para que, en 1933, el entonces presidente del Reich, el mariscal Von Hindenburg, diera paso a la dictadura nazi o si el viejo soldado firmó lo que Hitler, presidente del gobierno, le puso ante las antiparras sin leerlo. El hecho fue que, invocando el artículo 48, von Hindenburg promulgó el Decreto Presidencial para la Protección del Pueblo y el Estado que, junto a la Ley de Plenos Poderes, abrió el camino a aquella dictadura, una de las épocas más siniestras de la historia de la humanidad. Y ha habido algunas.

Así que ya sabemos en dónde estamos. Rajoy, el presidente del partido de la Gürtel, se proclama defensor de la Constitución o dictador constitucional con el firme apoyo del PSOE y C's. No debe el presidente temer incordio alguno del lado parlamentario. Ya no lo temía antes de un parlamento que, en realidad solo existe como club de debate televisado. Y hay que reconocer que algunas sesiones son divertidas. Pero no existe como cámara de control. Ni siquiera como cámara legislativa. En un año de legislatura el Congreso ha aprobado dos (2) leyes, y una de ellas es la de Presupuestos, mientras que el gobierno ha bloqueado (vetado, de hecho) 43 proposiciones de ley. Los plenos poderes que le da el 155 ya los tenía de antes, pues gobierna de modo absoluto sin respeto alguno por el Estado de derecho que no se cansa de invocar. De cómo maneja el Poder Judicial y los medios de comunicación, con qué maestría, no hace falta ni hablar. El 155 viene a consagrar como constitucional una dictadura de hecho. 

Toda justificación de la dictadura constitucional insiste en su carácter provisional, transitorio, "hasta que se restablezca el orden constitucional" suele ser la fórmula. "Hasta que vuelva la normalidad", es la que se emplea la presentar el 155. Concepto vagaroso ese de "normalidad". La cuestión es: ¿y si la normalidad no se restablece o no se restablece a gusto del normalizador? ¿Se perpetúa la dictadura?

Que se vuelva o no a la normalidad, por desgracia para el triunvirato Rajoy-Sánchez-Rivera, no depende de su firme e indudable voluntad de que así sea. Depende de la capacidad de la otra parte, la Generalitat y el movimiento independe, de resistirse a la aplicación del 155 y sus medidas represivas. Algo así ni siquiera cabe en la triple testa de los triunviros. Es imposible. No se producirá. Rajoy piensa que si él prohibe algo, ese algo no se da y, si se da, no se ha dado. Esa forma mágica de enfrentarse a la realidad es contagiosa y ya ha inficionado a Sánchez y Rivera. Tan convencidos están de que aquí se hace lo que ellos dicen que calculan los tiempos de sus medidas 155 contando con los plazos que tendrá Puigdemont para convocar esas elecciones autonómicas que ellos le ordenan  so pena de males terribles. Elecciones ya expresamente rechazadas por los indepes. 

No lo oyen. No lo ven. No lo entienden. No les cabe en la cabeza. ¿Cómo que las órdenes, prohibiciones y medidas del gobierno central no se acatan? Bueno,  tampoco es nuevo. No se acataron el 9N, ni el 1/10, ni con motivo de la DI y cola epistolar. Pero ahora sí van a acatarse porque se va a emplear la coerción estatal con fuerza armada siempre para garantizar el retorno a la normalidad. ¿Y si no se consigue? Una hipótesis excluida en los planes del triunvirato por lo que no se formula un plan B: si no se consigue se intensifica el uso de la fuerza hasta conseguirlo. ¿Es esto posible? Seguramente, no.

¿Por qué? Porque, como se han desarrollado las cosas, la revolución catalana se encuentra ahora en un instante que los conocedores de los procesos revolucionarios llaman de poder dual o dualidad de poderes. Viene a considerarse el momento en el que el proceso revolucionario hace crisis en sentido médico y se decide la suerte de la revolución: triunfar o sucumbir. Es el punto álgido que en España se abre esta semana de prolegómenos tan teatrales. La Generalitat se alza como un poder por derecho propio en función de su propia legislación y, no reconociendo la autoridad del Estado y su gobierno, pretende hablarlos de igual a igual. 

¿Es esto verosímil? En la historia no hay criterio alguno de verosimilitud o inverosimilitud tratándose del futuro. Y no se olvide que el futuro empieza hoy, ahora mismo. Fue Lenin, autoridad universalmente reconocida en la teoría y práctica revolucionarias el que, a raíz de las Tesis de abril, desarrolló la teoría del poder dual. Luego de la revolución de febrero, el poder quedó dividido entre el gobierno provisional de Lvov y Kerenski después, y los soviets, sobre todo el de Petrogrado. Lenin sostuvo la dualidad mientras no tuvo otro remedio. Pero su fin era acabar con el gobierno de la burguesía, arrebatarle el mando. De ahí vino la consigna de "todo el poder a los soviets" que se materializó en la revolución de octubre, cuando el poder dual se convirtió en la monocracia bolchevique. Por supuesto, lo interesante aquí no son los hechos históricos que más disímiles de la situación actual no pueden ser. Cualquier parecido con lo de hoy solo puede ser producto de la fantasía. En La Moncloa no hay un Kerenski (¿o sí? Ay, la fantasía), ni en el Palau habita un Lenin. 

Lo que nos interesa es el principio mismo, la teoría del poder dual, que se ha dado en muchos otros casos con circunstancias distintas, en la Comuna de París, en la revolución china, etc. Allí en donde un poder se enfrenta a otro en un mismo territorio y no como invasor. El Estado contemporáneo está basado en el supuesto de la soberanía interna que es causa y efecto al mismo tiempo del monopolio legítimo de la violencia. El Estado no puede tolerar un par a él en su territorio porque entonces el monopolio sería un duopolio. La forma Estado es excluyente y está obligada a suprimir por la violencia cualquier otra rival, por razonables que sean sus pretensiones. Eso, aparte de cargar a sus promotores con los tipos más graves de delitos previstos en el Código Penal.

Lo segundo, tildar de delincuentes a los dirigentes del movimiento es fácil; lo primero, extirpar este, no tanto. Me atrevería a decir que imposible. El Estado español no puede tolerar dualidad de poderes alguna en su territorio. La Generalitat aspira a ella y hoy o mañana habrá dado el paso decisivo para convertirse en un poder por derecho propio.  Habiendo sido durante años la única oposición en España, Cataluña se erige ahora en contrapoder, según terminología ya clásica. La República Catalana, con lo que toma forma uno de los dos poderes, de la dualidad de hecho que hay en España. Uno que se presenta a sí mismo en resistencia y lucha pacíficas, sin violencia alguna, contra el otro en cumplimiento de un mandato de autodeterminación de una mayoría social y parlamentaria. Una mayoría social (si se descuentan los abstencionistas en el cálculo y se añaden los partidarios del referéndum de autodeterminación, aunque no de la independencia) que ha venido actuando en los últimos años como una especie de poder constituyente popular fraguado en las calles y las redes sociales.

Veremos si, metafóricamente hablando, Schmitt gana la batalla a Lenin o no.


domingo, 22 de octubre de 2017

Golpe de Estado en nombre de la ley

El gobierno más corrupto, sostenido por un partido al que los jueces consideran una presunta asociación de malhechores, anunció ayer un verdadero golpe de Estado, dice que para defender la legalidad, la Constitución y el Estado de derecho. Una legalidad arbitraria e injusta, una Constitución que el mismo PP ataca con tan pocos miramientos como cuando sus fundadores franquistas votaron en contra de ella, y un Estado de derecho sin separación de poderes pues es el mismo gobierno que ignora el Parlamento, tiene al poder judicial a su servicio y controla todos los medios de comunicación. O sea, un poder corrupto y dictatorial anuncia un golpe de Estado que perpetrará en cuanto el Senado (que también controla con mayoría absoluta) dé el visto bueno a una aplicación del 155 mucho más allá de sus previsiones, en realidad, un artículo 116, un estado de excepción no declarado.

Para esta nueva fechoría cuenta con el apoyo del Rey y de los otros dos partidos dinásticos, C’s y PSOE. El respaldo ya expreso y reiterado del Monarca ha convertido a la Corona en parte beligerante en el conflicto y liga su suerte al más que dudoso triunfo del golpe. Al igual que su bisabuelo, el Rey se ha aliado con la dictadura. Tendrá su mismo final.

En cuanto al respaldo de los otros dos partidos dinásticos, el de C’s se daba por descontado. Ahora también lo está el del PSOE que, en tres meses (de julio a octubre), ha pasado de rechazar el 155 a apoyar fervorosamente su aplicación, de pedir la dimisión del de los sobresueldos por la corrupción y la catastrófica gestión del conflicto catalán a convertirse en su más firme apoyo. Al extremo de que el PP se vale de Sánchez como su portavoz exterior. El PSOE justifica este disparate invocando la “razón de Estado”, como si el Estado cuya razón invoca no fuera el de la tradicional oligarquía parásita, nacional-católica y catalanófoba que está en el origen mismo del conflicto. Este servilismo le hará perder el escaso apoyo que tenía en Cataluña y mucho del que conservaba en el Estado. Es una de las facetas del desastre que el independentismo catalán ha ocasionado en la izquierda española, incapaz de articular alguna alternativa al uso de la fuerza bruta.

La intervención anunciada por el bloque nacional español, en realidad, sigue siendo una baladronada por ver si la Generalitat retrocede y no es necesario pasar a mayores. Entre otras cosas porque no sabe cómo hacerlo, no está claro si puede y menos aun si la UE lo va a permitir. El gobierno quiere cañonear la Generalitat, pero el pago de la deuda y la prima de riesgo le han mojado la pólvora.

Dicen los golpistas que no se suspende la autonomía catalana (en realidad, el 155 no lo permite) sino que se limitan a sustituir sus cargos por otros designados a dedo en Madrid. Es una mentira tanto más irrisoria cuanto que, siendo innecesaria, ha puesto de relieve la condición colonial de Cataluña que el nacionalismo español siempre ha negado. Al gobernar el Principado desde Madrid, lo tratan como una colonia y dan la razón al independentismo cuando reivindica el derecho de autodeterminación por considerar Cataluña una colonia. Y lo es. El bloque nacional así lo confirma.

Otras mentiras adornan esta decisión demencial (demencial en la actual situación de España), como la de que la intervención será mínima. Al contrario, quiere ser máxima, pues se propone destituir al govern en pleno, clausurar de hecho el Parlamento, controlar las fuerzas de seguridad y adueñarse de los medios de comunicación públicos para ponerlos a su servicio. De los jueces no hablan porque ya los tienen. Intervención máxima, un golpe de Estado civil en toda regla. Apoyado por el PSOE que ha pasado también de acusar a la Generalitat de golpista a serlo él mismo.

Dice el bloque que todo acabará en tres meses, cuando se haya restaurado la normalidad y se convoquen elecciones. Una normalidad que solo él rompió con el hostigamiento a los indepes antes del referéndum y la jornada de vandalismo policial durante la votación el 1/10.

Probablemente, además, esas elecciones no se celebrarán y mucho menos cuando los golpistas las prevén. Hasta es posible que haya elecciones generales antes en España que en Cataluña. Es una de las cartas de Rajoy para prolongar su mandato con un posible triunfo electoral por mayoría guerrera y abrumadora. Desde luego,las autonómicas no se celebrarán o no lo harán en la fecha prevista porque, como ya suponía ayer Palinuro, la Generalitat no va a ceder.

Después de la cavernosa amenaza de Rajoy, aplaudida por sus palmeros, el gobierno recibió una múltiple respuesta desde Cataluña que apunta a la confrontación, unida en la consigna que se coreaba ayer en la enorme manifestación en Barcelona contra el encarcelamiento de los dos Jordis: No pasarán. A más de algún socialista le estarán zumbando los oídos de vergüenza. No pasarán.

Después de la manifestación, las distintas instituciones hicieron pública su posición:

Los mossos d’esquadra no aceptarán ser dirigidos por otros mandos que los de la Generalitat.

La mesa del Parlamento no aceptará ninguna merma en sus funciones ni dará un paso atrás.

El govern tampoco aceptará su destitución ni ninguna medida que recorte sus competencias.

TV3 no aceptará ser intervenida por dirección alguna que no sea la de la Generalitat.

La CCMA (la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales) tampoco aceptará la intervención.

Este frente institucional está respaldado por una movilización masiva de la sociedad catalana en defensa de sus representantes y actitud de desobediencia generalizada, desde los ayuntamientos a las escuelas, pasando por los servicios públicos, con un horizonte de huelga general. Para controlar eso sería necesaria una verdadera ocupación militar, cosa que el bloque español no puede permitirse.

No saben en dónde se han metido. En un escenario de uso de la fuerza y la represión violenta contra una sociedad que ejerce la desobediencia y la resistencia pacífica en defensa de sus representantes a los que quizá haya que encarcelar, como ya se ha hecho con los dos Jordis. Ello provocará más reacción social y más violencia de parte del Estado que puede acabar teniendo que decretar el toque de queda en las calles, para silenciarlas. Una perspectiva sin salida que obligará a la UE a intervenir forzando una negociación que ya solo puede hacerse en torno a dos posibilidades, las únicas viables: un referéndum de autodeterminación pactado o la independencia de Cataluña sin más, también negociada, por supuesto.

En su comparecencia, el MH hizo ver que el lunes o el martes se procederá a votar en el Parlamento la DI hasta ahora en suspenso. Obsérvese que el relato independentista sigue siendo ganador: se declara la independencia después de que el bloque nacional haya activado el golpe de Estado vía artículo 155, puesto que este se ha anunciado sin esperar a diálogo alguno, para lo que aún disponía de dos meses.

Breve flexión sobre la gran ausente en este conflicto: la otra izquierda no independentista pero con visos revolucionarios, la española de Podemos y la catalana de los Comunes. Sus angustias y ambigüedades teóricas y su evidente irrelevancia práctica la han dejado al margen de la historia, empujada hacia delante con la mirada vuelta hacia atrás, como el ángel de Klee/Benjamin. La prevalencia del eje nacional sobre el social en el que cifraba todas sus esperanzas la ha aplastado y ha sido incapaz de tomar ejemplo de la CUP (de cuya vitola izquierdista nadie duda) que ha entendido perfectamente el sentido de esa historia: la emancipación nacional como requisito para la social en un marco republicano.

Eso, en España, hoy, es una revolución.La única que hay.

sábado, 21 de octubre de 2017

Desperta ferro

El duunvirato Rajoy-Sánchez, con Rivera en el sidecar anuncia a bombo y platillo las medidas que tomará cuando tenga aprobada la aplicación del 155, cosa fácil, pues depende del Senado. Para dar un carácter más terrible a la par que hueco, tenebroso y amenazador, ha vuelto a sacar al Rey, advirtiendo que no habrá secesión de territorio alguno y legitimando las medidas que se tomen. Es un verdadero "Desperta ferro" como el de los almogávares; es el estruendo que hace el ejército antes de la batalla para enardecerse y desmoralizar al enemigo. En este caso, la réproba Generalitat, empeñada en plantar cara al gobierno, al Estado, al Rey y a la UE..., de momento. 

Habrá que ver si el adversario se arredra. Más parece que no. Los preparativos de Puigdemont, atrincherándose en el Palau y la reiterada advertencia de la Generalitat de que no reconocerá otra autoridad que ella misma y que, por tanto, no acatará las decisiones que esa otra adopte, apuntan a un escenario en el que probablemente sea preciso emplear la violencia.

La controversia sobre cuestiones teóricas, de principios, de conceptos, ha quedado cerrada en detrimento de la posición del nacionalismo español. Ninguno de sus argumentos ha resistido. La idea de que en el referéndum han de decidir todos los españoles tiene dos respuestas, una general y otra específica. La general: establece la dictadura de la mayoría sobre una minoría nacional, estructural; la específica: en el referéndum de 1980 en Andalucía (que también afectaba a todos los españoles) solo votaron los andaluces. 

El argumento de que ninguna Constitución reconoce el derecho de autodeterminación ha volado por los aires con los referéndums de Quebec y Escocia. Que las Constituciones no los reconozcan no quiere decir que no puedan (incluso deban) celebrarse, sobre todo si,como es el caso, estas tienen mecanismos habilitadores.

El argumento de la legalidad también tiene dos respuestas, una específica y otra genérica. La específica: la legalidad que pretende imponer el gobierno del PP es tan arbitraria, medida por doble rasero, viciada por todo tipo de maniobras e ilegalidades que aquel carece de autoridad para invocarla. El genérico: la legalidad es una cuestión de voluntad política. Las leyes las hace el Parlamento, en donde se forma la voluntad que así como hace la ley, puede deshacerla y este gobierno es ducho en la práctica.

Los negros vaticinios sobre un futuro de ruina y desgracia para una Cataluña independiente no son argumentos sino agorerías que no valen nada y, además, se estrellan con el innegable derecho de los pueblos a gobernarse mal. Un ejemplo, precisamente, lo tenemos en España desde hace siglos.

Zanjadas las cuestiones de teoría y principios y no teniendo el gobierno otro recurso que la huera repetición de consignas falsas sobre la democracia y la ley, lo siguiente es imponerse por la fuerza. Feliz momento en el que nos encontramos sin que, por supuesto, nadie indague en las causas, nadie pida responsabilidades, nadie reflexione en que es un disparate que quien ha llevado al país a esta situación de excepcionalidad y es obviamente responsable de ella por sus desatinos desda hace años, sea quien vaya a restaurar lo que él mismo considera "normalidad".  Momento "Desperta ferro".

Cuando se recurre a la fuerza hay que esperar una reacción y tener más o menos previstos los momentos posteriores. Al aplicar el 155 y emplear al Monarca de heraldo negro, tras haber encarcelado a los dos Jordis, se reconoce que el asunto no es de mero orden público, sino que va más allá. No está combatiendo una organización terrorista y minoritaria sino algo muy distinto que se niega a reconocer. Por eso articula, dice (con la aquiescencia del PSOE, lo que es una vergüenza) una intervención "mínima" en tres puntos neurálgicos: el govern y (parcialmente) el Parlamento, los mossos y los medios públicos de comunicación, singularmente la odiada TV3, la mejor televisión del Estado. Reiterará que es una intervención mínima con los aplausos socialistas y cierto disgusto de C's, a quien gustaría también ver prohibidos los partidos independentistas. En realidad, es una intervención máxima. Un verdadero golpe de Estado civil. Se ocupa el gobierno/parlamento, la seguridad y los medios de comunicación y, pacificada esta tierra rebelde, se convocan elecciones el 28 de enero, festividad de Santo Tomás de Aquino. La dictadura del duunvirato habrá llegado a feliz fin. El orden volverá a reinar en Barcelona.

Pero eso es una fantasía. En primer lugar, no está nada claro que ese nuevo reparto de cargos y responsabilidades dictado por el poder central se dé sin resistencia. Esta puede llevar a situaciones más represivas, que moverán mayor rebeldía en la calle. Suponiendo que consiga reemplazar a los indepes de las instituciones de gobierno, se enfrenta a una movilización social generalizada de desobediencia pacífica pero mantenida. Aquí es donde volverán a sonar las voces pidiendo la prohibición de los partidos y, claro, también de las organizaciones sociales indepes (al fin y al cabo, los dos jefes principales están entre rejas) y, en último término, por qué no, la prohibición del independentismo tout court.

Cualquier elección que quiera hacerse teniendo ilegalizada a más de la mitad de la población, sus organizaciones políticas, sociales, culturales, etc., será irrisoria, como las elecciones y referéndums que hacía su referente Franco. Algo que nadie, ni los organizadores, podrá tomarse en serio. 
No creo que el duunvirato lleve su vesania a prohibir los partidos o las organizaciones sociales indepes en un país en el que son legales la Falange y la Fundación Francisco Franco que, además, recibe subvenciones públicas. No lo creo, pero no es de descartar. Viéndose perdido, el nacionalismo español quizá prefiera morir matando.

Porque, de no prohibirse el independentismo, ¿de dónde saca el duunvirato que, con una sociedad intervenida, el resultado electoral no va a ser una mayoría absoluta aumentada del independentismo?  Y, si esto es así, ¿qué piensa hacer? ¿Suprimir la Generalitat con un decreto de Novísima Planta?

No habrá tales elecciones. Para llegar a ellas, el duunvirato tendrá que salvar tres meses de resistencia social intensa. Para vencerla se verá obligado a intensificar la represión. El siguiente campo en el que querrá entrar, porra en alto, será en las redes. Ya se dice que quieren regular la libertad de expresión en internet que, como todo el mundo sabe, supone establecer la censura. Al respecto, han reaparecido los de Anonymous, prometiendo un ciberataque a favor de la independencia de Cataluña. En pro de esta causa lleva militando unos meses Julian Assange.

Hoy no se controla la sociedad si no se controlan las redes. Pero el control de las redes ha pasado a ser el punto que distingue una democracia de una dictadura.

viernes, 20 de octubre de 2017

Procrastinación

Aquí alguien está intuyendo que algo no marcha bien y que están tomándole el pelo. Y es Rajoy. La foto de Público es llamativa. El rostro ausente de un hombre que trata de componer figura pero no sabe ni en dónde está. El otro, no; el otro es la imagen misma de la felicidad, la del que tampoco sabe en dónde se ha metido pero no le importa. Mientras le dejen hablar a todas horas, aunque sea diciendo cosas contradictorias, seguirá sonriendo. Involuntariamente, el periódico les echa una mano interpretando piadosamente el retraso en aprobar la terrible maza del 155. No es que lo retrasen porque no saben qué hacer ni por dónde empezar, ¡qué va! Es por la muy humana razón de dar tiempo a Puigdemont a "rectificar". 

A su vez, Puigdemont reitera que, mientras no vea las orejas al 155, no habrá aprobación de DI pero, si las peludas orejas aparecen, la DI será proclamada en solemne sesión parlamentaria. Esto quiere decir que la situación de tablas o stalemate, que dicen los ingleses, tendrá una duración variable. Hasta dos meses, como apunta una de las numerosas y enrevesadas explicaciones del MH, lo cual no es muy seguro o hasta que la troika nacional española (PP, PSOE, C's) decida poner fin, lo cual aun lo es menos.

O sea, que podemos estar así una temporada. Y estos retrasos llevan a situaciones pintorescas: divisiones entre los aliados (el PSOE, muy asustado, trata de transferir a la política el principio de intervención mínima de la cirujía o el derecho penal), exageracioness grotescas berlanguianas (ese delegado del gobierno en Castilla La Mancha que pide aplicar a su región igualmente el 155, no van a ser el manchegos menos que los catalanes); o situaciones de política exterior de los tercios de Flandes (esa carta que un funcionario de exteriores ha enviado al primer ministro belga amenazándolo por pronunciarse sobre el conflicto catalán). Es obvio que el retraso deja lamentablemente a la vista las carencias y vicios de la posición española y ello sobre el trasfondo de las imágenes de la brutalidad policial. La táctica del pudrimiento de Rajoy no funciona.

Para evitar este riesgo, El País, feliz, saca a portada un titular "Rotundo mensaje de Europa a favor de la España Unida" mensaje que deduce de la siguiente expresión literal de la UE "Nadie en la UE reconocería la independencia de Cataluña". El solo hecho de que la posible secesión catalana sea motivo de consideración (incluso oficioso) ya es suficientemente alarmante. Tal cosa no se considera de ningún otro país y, por lo demás, el valor de estas declaraciones es siempre fluctuante y muy relativo. Por ejemplo, frente a ese enunciado que parece un telón de hierro, surge la pregunta: ¿hasta qué punto tolerarían los Estados que no reconocen la independencia de Cataluña un tratamiento español de esta de formas contrarias al Estado de derecho, la democracia, los derechos humanos? 

Luego el punto tranquilizador no está en las declaraciones de terceros sino en las intenciones, voluntad, determinación y apoyos de la otra parte, la independentista catalana. Si en Cataluña la sociedad, como parece, se cierra en desobediencia al gobierno central y este tiene que recurrir al estado de excepción, ello presionará mucho sobre el ánimo europeo. Imagínese que se encierra al govern en prisión (y ello si se puede pacíficamente en vista del posible enfrentamiento entre cuerpos armados), ¿cuánto tiempo puede sostenerse una situación así en Europa? O peor, se cierra el Parlament y la autoridad la ejerce el delegado del gobierno o una autoridad militar, por supuesto.

La siguiente pregunta es: ¿estamos hablando en serio? Precisamente por eso, porque no podemos estar hablando en serio, los dirigentes de los dos partidos dinásticos han retrasado la decisión, sabia y caritativamente, para dar tiempo a Puigdemont a rectificar. No porque no tengan ni idea de cómo convencerlo para que rectifique con razones comedidas y corteses Quieren librarlo de la terrible culpabilidad y responsabilidad de morir machacado por ellos mismos. 

Y eso, contando con que puedan.

¿Quieren ver una revolución democrática en marcha?


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Carlos de Urabá ha hecho un vídeo fantástico -como siempre- sobre la jornada del 1/10 cuando la gente en Cataluña salió a votar en referéndum pacífico en contra de la prohibición expresa del gobierno y las cargas vandálicas de la policía nacional y la fuerza militar de la Guardia Civil. Colas de gente, horas y horas, esperando para votar con mal tiempo, con incomodidad y teniendo que defender los colegios electorales frente a la barbarie policial. Era la respuesta de un gobierno histérico que había hecho todo lo posible por impedir los preparativos (y había fracasado), por convencer a la gente de que el referéndum era ilegal y que se quedara en su casa (y también había fracasado), por mandar a sus fuerzas armadas a apalear a los ciudadanos (e igualmente había fracasado) y hubo de contemplar, rabioso e impotente, cómo los centros cerrados reabrían, las urnas secuestradas reaparecían y, al final de la jornada, habían votado más de 2.200.000 catalanes; en realidad, casi tres millones si contabilizamos las 770.000 papeletas que la policía confiscó a porrazos.

Este hecho incuestionable y sin precedentes de millones de personas de todas las edades y condiciones yendo a votar pacífica y democráticamente frente a un Estado todopoderoso que pretendía impedirlo por la fuerza bruta fue narrado al mundo por cerca de 1.500 periodistas internacionales, entre ellos, Carlos. Sus crónicas tuvieron un impacto mucho mayor cuando ese mundo pudo ver las terribles escenas de brutalidad policial contra gente pacífica e indefensa. Cataluña se había puesto a la vanguardia del nuevo tipo de revolución popular, masiva, organizada a través de las redes bajo la forma de las multitudes inteligentes. Y con ello dejó al desnudo la superchería de un régimen oligárquico, seudodemocrático y tiránico que, además, está corrompido hasta la médula.

Dos reacciones contrarias ha tenido este acontecimiento insólito, que ya está en la historia como el episodio inicial de un pueblo que se ha ganado a pulso el respeto y la admiración de toda persona democrática, abierta y progresista y, por supuesto, de izquierda.

La primera, la del gobierno que, según costumbre, que le viene de su origen franquista, negó y niega que ese referéndum (sí, el mismo que puede verse en el vídeo, uno de los cientos, miles de testimonios de esta realidad) hubiera tenido lugar. Que no existió, vamos. Al margen de que eso le obliga a desmentir también al Colegio de Médicos que certificó la cantidad de más de 1.000 heridos/as por las cargas policiales, deja en muy mal lugar a los policías y los militares de la Guardia Civil que, al parecer, no estuvieron en donde estuvieron, ni apalearon a la gente que apalearon. Coincidente al milímetro con la posición del gobierno, dos días después, el Rey de España, rompiendo toda prudencia, largó un sermón amanezador contra la Generalitat y trató a los independentistas de delincuentes lo cual, por supuesto, animó a que unos días más tarde, sus fieles seguidores fascistas, nazis y demás bazofia de la extrema derecha, salieran a la calle a abrir cabezas de demócratas. Por supuesto, de sus labios no pronunciaron ni una palabra de consuelo para los 1.000 heridos. Será justo que este servidor del PP abandone un trono para el que nadie lo ha elegido, igual que su partido abandonará el gobierno.

La segunda reacción de rechazo y negación es la de esa sediciente izquierda que niega el carácter revolucionario de este movimiento independentista profundamente original y popular. Es la izquierda seudorrevolucionaria estilo Podemos para la que esta revolución es un producto de la corrupción de la burguesía catalana del 3%. No es, en su opinión, una revolución porque no pueden manipularla ni dirigirla ni, en el fondo, la entienden.

La otra izquierda, la socialdemócrata, para ocultar su política de sumisión a la derecha franquista del PP, cuya política de represión salvaje apoya, se aferra a un dogma tan falso como antiguo a base de sostener histéricamente que un movimiento nacionalista "no puede ser de izquierda" porque la izquierda es internacionalista. Algo obviamente falso. Basta recordar la votación de los socialistas franceses y alemanes en favor de sus burguesías en 1914 con la que empezó la Iª Guerre Mundial o la actiutud del socialista francés Léon Blum abandonando a la República española frente a Franco en 1937, o la del socialista también francés Guy Mollet masacrando a los argelinos en 1956, etc. En cuanto a la primera memez, basta con mirar el vídeo de Carlos Urabá y contar cuántos burgueses egoístas había votando en aquel 1º de octubre de 2017 que pasará a la historia.

jueves, 19 de octubre de 2017

Palinuro en italiano sobre las lenguas en Cataluña

Bueno, Palinuro y Oscar Escuder i de la Torre, presidente dd la Plataforma per la Llengua. A los dos nos entrevistó Gianmarco Cenci minuciosamente para el diario digital italiano L'Indro, L'approfondimento quotidiano indipendente y, en mi opinión, le ha quedado un texto muy informativo de la situación real en Cataluña sobre los catalanes y sus lenguas, la llamada "mayoría silenciosa", la minoría castellanohablante, la inmersión lingüística, etc. Sin duda será interesante para los lectores italianos, que podrán hacerse una idea justa sobre la situación real en Cataluña en cuanto a las dos lenguas y al margen de la propaganda del nacionalismo español.

Aunque el artículo recoge lo esencial de la entrevista, al estar en italiano, creo que no será mala idea reproducirla quí íntegra con las preguntas en italiano y mis respuestas en castellano. No puedo hacer lo mismo con la de Escuder i de la Torre pero, en lo que a mí respecta, la versión castellana atestigua la fidelidad del texto publicado y el buen hacer de Gianmarco Cenci, a quien agradezco infinito la posibilidad de exponer en su país la realidad de una situación lingüística catalana sobre la que suelen vertirse muchas mentiras.

1) Inés Arrimadas, nel discorso al parlamento catalano ha parlato di “maggioranza silenziata”, riferendosi a coloro che sono contro l’indipendenza, e ha detto “ci avete definito sudditi, la presidente del Parlamento catalano ha detto che non apparteniamo al popolo della Catalogna”. Le chiedo: esiste una maggioranza silenziata o una maggioranza silenziosa? E chi è? Da chi è composta? Sono per la maggior parti parlanti castigliano oppure anche parlanti catalano?
No he podido verificar la cita de la señora Arrimadas, aunque está en su estilo. Ni silenciada, ni silenciosa, ni mayoría. Los catalanes autóctonos son todos bilingües casi al 100% en castellano y catalán. Los hijos de los inmigrantes de primera generación escolarizados en Cataluña son bilingües al 100 %, pero bilingües en distintas segundas lenguas, según su procedencia. Los hijos de los inmigrantes hispanohablantes (andaluces, extremeños, gallegos, peruanos, argentinos, colombianos, ec...) son bilingües castellano/catalán al 100%. Los hijos de inmigrantes de otras procedencias (marroquíes, afganos, indios, nigerianos, etc) son bilingües en catalán y su lengua materna al 100%. Además, muchos/as de ellos/as también desarrollan cierta competencia en castellano.

Esto solo deja los inmigrantes directos tanto hispanohablantes como e otros países que, obviamente, no son una mayoría sino uno minoría muy reducida (entre el 8 y el 12% de la población). Además, muchos/as de ellos/as se han preocupado por aprender catalán como adultos, sobre todo los inmigrantes no hispanohablantes, porque, claro, tienen más problemas. No hay pues, mayoría silenciosa ni silenciada por razones lingüísticas. Hay una minoría cuyos derechos respetan las instituciones catalanas, que tienen privilegios educativos (a veces en detrimento de los intereses de la mayoría catalanohablante) y la protección de las autoridades estatales. Y no solo protección: también se les usa como motivo de propaganda y como posible clientela de unas también minoritarias formaciones políticas e ideológicas españolistas generalmente de derecha, de extrema derecha y hasta claramente fascistas y franquistas. Estos, de silenciosos no tienen nada. Al contrario, son muy vociferantes y violentos. Haga un cálculo: 7 años de manifestaciones independentistas de cientos de miles y ni un solo acto de violencia. Tres días de manifestaciones minoritarias españolistas y numerosos actos de violencia callejera, agresiones y, cuando no tienen a quién pegar, se pegan entre ellos/as.

2) Possiamo parlare di ‘discriminazione’ per quanto attiene al castigliano e ai cittadini di cultura castigliana in Catalogna?
En mi opinión, no. Al contrario: el castellano sigue siendo predominante en todos los aspectos de la vida social. Y tengo una experiencia generalizada: puedo hablar de las ciudades y los pueblos, la industria y la agricultura, la situación en las escuelas, institutos, universidades, hospitales, comercios, supermercados y con todos los representantes sociales, campesinos, obreros, industriales, comerciantes, políticos, curas, enseñantess, etc.

3) Secondo Lei c’è discriminazione per la lingua castigliana nell’ambiente scolastico e nell’ambiente amministrativo?
No, fuera de las normales y aisladas excepciones que se dan en todas partes y, por cierto, en todos los sentidos. Ya sé que resulta extraño y que es una peculiaridad catalana difícil de entender fuera, pero los catalanes son bilingües porque el castellano es tan lengua materna en Cataluña como el catalán y muchas veces, más.

4) Quali sono le altre situazioni in cui la lingua castigliana e la cultura castigliana si sentono discriminate? Secondo Lei è così?
En realidad, no los hay; pero, si hubiera que rebuscar, quizá los medios de comunicación. Hay emisoras TV/Radio en catalán y en castellano, pero los castellanohablantes no se quejan porque acceden libremente a todas las emisoras/canales del resto de España. Cosa que, sin embargo, no sucede al revés. Cuando el PP gobernaba en Valencia (unos 20 años) no se podía sintonizar la TV3 en catalán. Y otro ejemplo: de momento, el 100% de las películas extranjeras en Cataluña están dobladas en castellano. Porque, en España, el cine se dobla.

5) La lingua catalana è uno dei punti fondanti dell’identità catalana? Quanti la parlano, quale la lingua veicolare?
Uno de los puntos fundamentales, el más importante, pero no el único. Y tiene una larga tradición escrita ininterrumpida, con obras anteriores a las castellanas o italianas. La habla prácticamente todo el mundo. En torno a un 97%. La lengua vehicular es el catalán tanto en la esfera privada como en la pública (cuando no está prohibido), pero puede pasar al castellano cuando la necesidad o la buena educación (por ejemplo, presencia de gente que no habla catalán) lo indiquen.


6) Ci pare di capire che c’è un dibattito aperto sul ‘Reglamento de usos linguisticos en el ayuntamiento’. Ci può spiegare di che si tratta e quali i punti sui quali c’è dibattito?
Carezco de información suficiente para hablar.

7) L’ambiente politico della Catalogna, si è posto il problema di come affrontare la gestione di questa maggioranza che si sente messa ai margini?
No hay mayoría al margen en absoluto. Ni por razones lingüísticas (como ya he explicado) ni por razones políticas. La minoría lingüística puede expresarse políticamente y lo hace. Y parte lo hace a favor del independentismo (por ejemplo, en la asociacion "Súmate" de catalanes castellanohablantes partidarios de la independencia) mientras que otra parte lo hace en contra. Pero sigue siendo minoría. Y no silenciosa (en absoluto) ni silenciada, sino poco votada. Su problema es que tiene la voz que le dan los votos y, claro, es poca. Por ejemplo: de 948 ayuntamientos en Cataluña, el PP tiene un alcalde y Ciudadanos, cero. No son mayoría en absoluto. Son minoría, pero minoría de votos.

8) Come sarà la convivenza in Catalogna fra queste due anime dopo i recenti eventi?
Me temo que las barbaridades que se han vivido van a seguir y aumentar porque el gobierno y la oposición españolas no pueden permitirse que Cataluña se independice pues España no sobrevivirá. La represión, la arbitrariedad y la falta de libertades en Cataluña seguramente serán un hecho a partir de mañana si el gobierno sigue adelante con sus planes. Aun así, no creo que esto afecte gravemente a la convivencia en Cataluña, que es una sociedad muy desarrollada y tolerante. Creo que el problema de convivencia será entre Cataluña y España y no tendrá arreglo. Tarde o temprano, Cataluña será independiente, como ya preveía Voltaire enLe siècle de Louis XIV.

A las puertas de la República Catalana

Cataluña y solo Cataluña ha puesto en un brete a la Monarquía, su miserable restauración, la falsa democracia y la careta tras la que se ocultaban los viejos fascistas de siempre. Cataluña y solo Cataluña proporciona la conmoción que necesita España si quiere salir de ese sopor y esa resignación mecidas por la injusticia, el saqueo, la mentira, el abuso de poder, la corrupción, el autoritarismo y la estupidez franquista más densa a las que se ha sumado el PSOE de Sánchez. La proporciona, pero no garantiza que España la aproveche. Desde luego, Cataluña lo hará porque para eso ha llegado hasta aquí. Los españoles... ese es otro cantar.

Se ve difícil -en realidad, imposible- que el esquilmado pueblo español sea capaz de rebelarse contra estos gobiernos depredadores de presuntos delincuentes que enarbolan un patriotismo de pandereta mientras se forran robándolo todo. Dudo de que haya un pueblo más sumiso en Europa y más capaz de seguir votando a quien lo desprecia, saquea y explota. Y peor estará a raíz de la cuestión catalana, que ha sacado al aire todas las vergüenzas del franquismo, entre ellas, revelar el verdadero fondo la seudoizquierda de Sánchez quien ha pasado de ganar unas primarias prometiendo que pediría la dimisión de Rajoy a ponerse a su servicio incondicional e incluso superarlo en infamia y autoritarismo. Cree que imitándolo en su política anticatalana, conseguirá restarle votos, siendo así que solo conseguirá regalar el "Sorpasso" a Podemos y hundir el PSOE.

Sánchez ha ido a Bruselas a trasladar allí su apoyo al gobierno más ladrón, corrupto, franquista y peligroso de toda la transición. Y lo ha hecho mostrando la fibra moral de un auténtico granuja, al negar que los dos Jordis sean presos políticos, sino "políticos presos", comparándolos con Ignacio González y digo que es un granuja porque este mismo tipo visitó hace un tiempo la celda en la que estuvo 18 años recluido Nelson Mandela, otro preso político al que los sáncheces racistas sudafricanos consideraban también un "político preso". Y entre Mandela e Ignacio González hay cierta distancia. La suficiente, al menos, como para que un dirigente "socialista" no resultara tan repugnante.

Y todo para nada. Reunidos los dos genios que los dioses han deparado a España en su peor hora, Rajoy el Sobresueldos y Sánchez su correveidile, no saben ni qué hacer con el 155 y, juzgando a los demás tan lerdos como ellos, dan en una última "astuta" propuesta: dejarán caer el 155 y darán una amnistía (es decir, soltarán a los dos rehenes que tienen) si Puigdemont convoca elecciones. Una trampa infantil porque, justamente, solo consideran el 155 para convocar elecciones pero que, al mismo tiempo, demuestra el miedo que tienen ya en el cuerpo con gente en la cárcel por sus ideas, gente procesada, multada, perseguida y las calles llenas de manifestantes y la sociedad ya en franco estado de desobediencia permanente.

No es solamente que las provocaciones, amenazas, hostigamientos del gobierno y su perro faldero socialista no consigan el efecto intimidatorio que persiguen, sino que justamente obtienen el contrario: la sociedad más movilizada, más cohesionada, más rebelde. A las estructuras de la ANC y Ómnium (que los franquistas del PP sueñan con ilegalizar) se unen otras, como en peu de pau, una red social para promover la resistencia civil pacífica y no violenta, que es justamente el punto fuerte del independentismo. O los Comités de Defensa del Referéndum de la CUP, que han seguido activos después del 1/10, cambiando el nombree por el de Comités de Defensa de la República.

Los dos lumbreras no saben que hacer y hoy, que vence su ridículo ultimatum, lo alargarán con el cuento de que tienen que informar al Senado, mientras buscan alguna fórmula que les permita salir del atolladero en que se han metido sin quedar como lo que son. Cosa inútil: la DI ya se declaró y la suspensión se levantará en cuanto haya un atisbo de aplicación del 155. Algunos, bienintencionados, creen que el 155 puede llevar a una ocupación y hablan de un gobierno títere. En realidad, sería "retítere" porque para títeres ya estan Génova/La Moncloa y Ferraz.

Pero no haya cuidado. La banda de malhechores (dicen los jueces)  que ha conducido al país a esta situación explosiva por su arrogancia, su ignorancia, su corrupción y su ejemplar incompetencia no conseguirá ni siquiera el lamentable objetivo de incendiar Cataluña para tapar sus latrocinios. Ayer mismo los tribunales imputaban a la tesorera del PP de Valencia, Carmen Navarro, por financiación ilegal, otra más en la historia del partido de los ladrones por antonomasia, el que habla de legalidad y tiene 700 imputados en procesos penales, entre ellos ministros, presidentes autonómicos y altos cargos. Por mucha que sea la indignación que los procedimientos de la troika nacionalespañola (PP, PSOE y C'S) producen en Cataluña, estos asuntos de la corrupción y el latrocinio no deben pasarse por alto. Como tampoco la necesidad de exigir responsabilidades por el también presuntamente mafioso incendio de Galicia.

Comparado con lo anterior, paradójicamente, lo de Cataluña tranquiliza porque se le ve un final feliz. No gracias a la habilidad del gobierno, sino a la del govern. Casi inadvertida ha pasado una decisión de Puigdemont en las últimas horas: ha trasladado su residencia de su domicilio al Palau de la Generalitat (Canonges), en donde tendrá protección especial las 24 horas del Grupo Especial de Intervención de los Mossos d'Esquadra. ¿Se entiende o hay que explicarlo? El presidente se prepara para lo peor. También para defenderse frente a un ataque imprevisto, ilegal e ilegítimo que los dos estrategas de Génova/Ferraz puedan haber ideado con su habitual falta de esscrúpulos. 

Con el masivo apoyo organizado de la calle, el respaldo de las instituciones y partidos y la decisión del presidente de mantenerse al timón, la República Catalana está en puertas. Habrá unos días, quizá semanas, malas, pero la intervención de la EU resultará inevitable y de lo que sea después de España los españoles habrán de exigir responsabilidades a Rajoy y Sánchez. Ojalá sean capaces de hacerlo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

En nombre de los presos

No era precisa particular agudeza para darse cuenta de lo que iba a pasar. Acción/reacción/más acción. Hasta El País lo ha visto: la prisión de Sánchez y Cuixart da oxígeno al independentismo y así ha sido. Una reacción espontánea, inmediata, masiva de la gente. Aunque El País, siempre servicial con el gobierno, la reduce a unos "miles", ha sido muy considerable y muy, muy generalizada.

La decisión de la jueza,  cuestionada jurídicamente a fondo, es un disparate político mayúsculo, sobre todo por su sublime inutilidad. Ahora hay dos presos políticos, pero el movimiento que lideran sigue intacto, ha generado ya su nueva dirección provisional y mantiene su estructura en red operativa, ahora fogueada con un nuevo objetivo que la ineptitud del gobierno (pues la decisión, en el fondo, es política, como todos sabemos) le ha entregado en bandeja.

Ahora hay cientos de miles de gentes en las calles y la actitud de desobediencia (las institucioness catalanas paran dos días en protesta por el encarcelamiento) se extiende por la sociedad. El punto siguiente de más acción/más reacción pinta oscuro. De un lado tenemos una sociedad muy movilizada en paralelo con un duelo institucional entre el govern y el gobierno de consecuencias imprevisibles, y de otro 10.000 efectivos de antidisturbios acantonados en Cataluña. En cualquier momento puede saltar una chispa y producirse un desastre de esos que los burócratas de la UE llaman irreparables.

Preparándose para la eventualidad, el discurso del gobierno, con el firme apoyo del PSOE, culpa de antemano a Puigdemont (la derecha suele personalizar sus ataques) de las consecuencias de la aplicación del 155. El razonamiento, en efecto, es el del maltratador, el de culpar a la víctima. Esta tiene que encontrar el recto camino incluso en contra de sus intereses. En el ínterin de la tensa espera se disparan los rumores. Los "duros" del PP quieren ilegalizar los partidos independentistas. ¿Y por qué no las organizaciones sociales como la ANC y Ómnium? ¿Por qué no a la sociedad catalana? ¿Por qué no a Cataluña? No se rían. La aplicación del 155 y el estado de excepción de hecho que ya existen y quieren ser ampliados e intensificados, ¿que es sino la ilegalización de la Generalitat y, por ende, de Cataluña?

Por lo demás, el papel más desgraciado en este drama, que tiene algo de tragedia y algo de comedia bufa, corresponde al PSOE. Su apoyo sin reservas a la política represiva del PP, que se presenta como una muestra de alto sentido del Estado, pone de relieve que carece de un proyecto propio que pueda medirse en tirón electoral con el del PP. Se trata, pues, de un cálculo electoral. Y un cálculo electoral erróneo porque, puestos a votar la unidad de la Patria, la gente va al de la Patria de toda la vida.

Esta lamentable subalternidad de los socialistas (como la de toda la izquierda española en el banco de pruebas de Cataluña) desciende a niveles de auténtica sumisión. Sánchez ha pasado de anunciar que pediría inmisericorde la dimisión de Rajoy a retirar a escondidas, en la noche y la niebla, la petición de reprobación de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría a raíz del vandalismo policial en Cataluña que él mismo había ordenado presentar. Después de esto, pensar que el PSOE pueda suponer algún tipo de contrapeso a los seguros excesos del PP en el Principado es estar en Babia.

Es más, los socialistas, movidos por un renacido espíritu nacional español viajan a Bruselas a modo de embajadores del gobierno. ¿No quedábamos en que el conflicto catalán era un asunto interno español? ¿Qué pinta Sánchez en Bruselas desactivando el mensaje de la "represión" en Cataluña? Puestos ya a hacerle el trabajo sucio al gobierno, el SG puede aprovechar para negar que hubiera vandalismo policial el 1/10 y mucho menos 900 heridos. Al fin y al cabo, es lo que sostiene el señor Hernando, del partido al que el señor Sánchez apoya, el mismo señor Sánchez que el día 2 de octubre felicitaba a los cuerpos de seguridad del Estado por su actuación en Cataluña, pero no tenía ni una palabra para lamentar las víctimas. 

Pero, ténganse los chistes. Si el PSOE se encuentra en este calamitoso estado, Podemos ni estado tiene. El conflicto España/Cataluña lo ha pulverizado y hecho enmudecer. Su ideología de izquierda lo lleva a simpatizar con la causa catalana (sin entender gran cosa de ella), pero su pragmatismo le aconseja no contradecir el espíritu nacional-español tan presente entre su electorado como en el del PSOE o los otros partidos dinásticos. Así que ahí se ha quedado, aferrado a su fórmula ideal de un referéndum pactado legal que los otros partidos españoles no aceptan. Una jaculatoria hueca. Un "Virgen, que me quede como estoy" mientras pasa esta tormenta.

Podemos vino a revolucionar España sin pensar en Cataluña y Cataluña ha revolucionado España sin pensar en Podemos.

Defender la sociedad, la libertad y la independencia

Mi artículo de hoy en elMon.cat. Titulado La clave es la unidad y la movilización pacífica hace referencia al encarcelamiento  de los presidentes de la ANC y Ómnium por una jueza cercana al PP, condecorada po la Guardia Civil y el ministro del Interior y cuyo auto de prisión preventiva sin fianza, según numerosos expertos, se inventa un delito y carece de fundamento jurídico. Ni falta que le hace. La decisión de encarcelar a los dos Jordis es puramente política, adoptada previamente por el gobierno, con ánimo de escarmiento y amenaza. O sea, algo repugnante para cualquier conciencia democrática. Por supuesto, el PSOE apoya esta medida típicamente franquista y mañana, Sánchez irá a Bruselas a embellecer la deriva fascista del Estado español, de la que él ha pasado a ser elemento importante.

¡Qué falta no ya de decencia política sino de simple previsión! Tanto el gobierno franquista como su oposición socialista (cortados por el mismo patrón ideológico) confían en que, encarcelados los jefes de Ómnium y la ANC, el movimiento se desinflará. Creen que los catalanes son como ellos, que solo se mueven si van a sacar provecho material. No saben que han puesto en marcha una maquinaria social, de solidaridad generalizada de los catalanes con estos dos hombres. 

Un movimiento que, en contra de lo que piensan estos políticos españoles de vía tan estrecha como su espíritu, no se detendrá hasta convertirse en una marea nacional-catalana que, aparte de rescatar a los dos Jordis será uno de los pasos de la nueva República Catalana.

Aquí el texto castellano.

La clave es la unidad y la movilización pacífica

No falta ni un elemento en el proceso de fascistización del Estado y la conversión del régimen del 78 en una dictadura disimulada con un bipartidismo corrupto. No se encuentra otra vía civilizada para tratar la cuestión catalana. Cuenta con el apoyo activo del PSOE, de la oligarquía, de la Iglesia y el pasivo de la otra izquierda española y la inhibición de la UE.

No queda nada de los principios del Estado social y democrático de derecho de la CE. El Rey, cuya legitimidad es más que cuestionable, está por encima de la ley, pero no del partidismo político. En su reciente mensaje respaldó la política represiva del partido del gobierno, se puso de su lado, amenazó a la otra parte del conflicto e ignoró la suerte de las víctimas inocentes.

El Tribunal Constitucional es un órgano político al servicio del poder, convertido contra toda justicia, en ejecutor de sus propias sentencias mediante una reforma inconstitucional por él avalada. Este órgano que arrastra un desprestigio de años, ha anulado la Ley del Referéndum catalana, con la misma rapidez con que muestra su complicidad con los intereses del gobierno.

La jueza de la Audiencia Nacional (versión actual del TOP de Franco), persona con una carrera política partidista y recientemente condecorada por la Guardia Civil y la Policía Nacional, ha encarcelado a dos dirigentes sociales populares catalanes. La decisión, de fundamento jurídico dudoso, pretende alimentar la política de provocación del Estado en Cataluña para conseguir una reacción violenta que justifique otra jornada de vandalismo policial en el Principado.

No es extraño que, según la Comisión Europea, España esté a la cola de Europa en materia de independencia judicial. A la cola es poco. El poder judicial está al servicio del gobierno y de su partido que tiene más de 700 imputados en procesos penales por delitos de derecho común.

En el Parlamento hay una coalición nacional-española de hecho entre el PP, el PSOE y C’s que bloquea la cámara y la convierte en un remedo de un órgano legislativo y de control. Su sola función es respaldar al gobierno en su política de imposición y arbitrariedad.

Los medios de comunicación están a las órdenes del poder político . Tanto los públicos como los privados son instrumentos de propaganda, tergiversación y manipulación especialmente en lo que se refiere a Cataluña. También los emplea en montajes políticos en campañas de guerra sucia contra sus enemigos políticos. Según el estudio Reuters de la Universidad de Oxford, estos medios son de los menos creíbles de Europa y del mundo. Si los españoles quieren informarse tienen que recurrir a alguna (escasa) prensa digital, los medios extranjeros y, sobre todo, las redes sociales. Por eso el gobierno de la derecha pretende acometer una “regulación” de la libertad de expresión en las redes. Esto es, suprimir la libertad de expresión en lo digital, igual que su “Ley Mordaza” era una ley contra la libertad de expresión.

Con arbitrariedad del poder ejecutivo, sumisión del poder judicial, irrelevancia del legislativo, servilismo de los medios de comunicación, apoyo de la oligarquía financiera y de la Iglesia católica, España no es un Estado social y democrático de derecho, sino un régimen despótico de filiación franquista. Lo social fue eliminado de un plumazo con el programa neoliberal del PP de corrupción y saqueo del país. Lo democrático, fulminado cuando se apaleó a la población catalana por el hecho de votar. Lo de derecho ha terminado de desaparecer con el encarcelamiento de dos dirigentes populares por motivos políticos.

Mientras se resuelve el contencioso epistolar entre el gobierno de España y la Generalitat, el Estado no dejará de provocar al independentismo para ver si consigue destruir su base popular, política y moral. Para ver si, con ayuda de sus comparsas seudosocialistas, lo pone a su bajo nivel franquista para tener un pretexto y atacar con eso que sus criados intelectuales llaman “violencia legítima” del Estado y no es otra cosa que fascismo marca España.

Por eso, la respuesta del independentismo catalán será siempre la misma: resistencia democrática y pacífica frente a la arbitrariedad y la tiranía y, sobre todo, mantenimiento de la unidad de acción a toda costa. A toda costa quiere decir a toda costa mientras el objetivo estratégico esté pendiente. Es el mensaje que han dejado los dos Jordis al entrar en prisión y el que sin duda iluminará la acción de la sociedad catalana en su respuesta a las cada vez más histéricas tarascadas de un Estado en proceso acelerado de fascistización. Y al que la gente da apoyo masivo en las calles. Cuando el Estado comprenda (o, lo más fácil, le obliguen a comprender) que no puede bloquear la voluntad mayoritaria de una población que expresa su desobediencia a la tiranía pacífica y democráticamente, la República Catalana, ya proclamada de hecho el 3 de octubre, será una realidad de derecho.

martes, 17 de octubre de 2017

Paso a paso, la libertad


Uno de los rasgos de la acción política que los buenos gobernantes conocen es que todo conflicto en un estado de acción/reacción/más acción tiende a acelerarse e intensificarse a extremos que no puedan controlarse. Lo mejor es interrumpir el ciclo buscando una solución negociada. Los malos gobernantes, en cambio, lo ignoran o dicen ignorarlo por creer que cabe resolver el conflicto por aplastamiento del adversario.


Encarcelar a los dos dirigentes sociales es proveer al movimiento independentista de una razón más de movilización. Ese mismo movimiento independentista que, con la complejidad del intercambio epistolar entre el govern y el gobierno, pudo sentirse decepcionado y defraudado, aunque por poco tiempo porque el objetivo estratégico así lo impone. Ahora, otra inyección de moral: el independentismo no se resignará a ver a sus dirigentes en prisión e intensificará su reacción. Ya deben de tener a los dos sucesores de los encarcelados en posesión de sus cargos.

Aquí es donde se ventila el sentido de la política represiva del gobierno. Su apuesta es por el estilo clásico: se descabeza el movimiento y se acaba con él. No hay que temer mayores repercusiones sociales. El ejemplo que aducen es el del País Vasco. La equiparación demuestra una ignorancia alarmante sobre la naturaleza del movimiento catalán: masivo, democrático, pacífico, organizado, permanente. Por de pronto, la situación ya se ha convertido en un relato sobre prisioneros políticos, prisioneros de conciencia, en España cosa que, después de las imágenes de brutalidad policial, dejará al país los suelos, especialmente ahora que acaba de ingresar en el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Un país que tiene prisioneros políticos y rehenes y al que alguien pedirá, en consecueencia, que abandone un lugar que no le corresponde.

Desde luego, el encarcelamiento de los dirigentes sociales del independentismo es un dislate mayúsculo y una injusticia sangrante cuando andan en libertad Urdangarin, su señora, Rato y no sigo por no hacer interminable la lista. Y sobre todo cuando se recuerda aquella jaculatoria que se repetía en tiempos del terrorismo etarra: callen las armas y se podrá hablar de todo. Porque España es una democracia. Era mentira. No se puede hablar de todo. Por ejemplo, de referéndum no se puede hablar y tampoco de autodeterminación y mucho menos de independencia. Y no se puede hablar porque España no es una democracia.

Al igual que no es un Estado de derecho. Y no solamente porque él mismo no se somete a la ley que, por supuesto, no es igual para todos sino porque carece de independencia judicial como viene a demostrarse una y otra vez por la particular sumisión de los jueces al poder político. En este caso concreto, la jueza que ha decretado la prisión incondicional para los dos Jordis ha sido recientemente condecorada por el ministro Zoido con la medalla de la policía y también por la Guardia Civil. La justicia del príncipe jamás será justicia.

Los dos Jordis deben quedar en libertad sin cargos cuanto antes, ugentemente; no vaya a realizarse la célebre admonición de H. D. Thoreau: "con un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para una persona decente también está en la cárcel." 

Y vayan a faltarles cárceles.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los caballeros que dicen "ni"

Galicia arde por los cuatro costados. Imágenes tremendas. Tres muertos por ahora. Dos desaparecidos. La gente haciendo cadenas humanas con cubos de agua para atajar las llamas que todo lo devoran y llenan de humo y hacen irrespirable hasta el aire dentro de las casas, en Vigo, por ejemplo. Una tragedia impresionante. Se habla de cien focos vivos y, al parecer, intencionados. De momento no cabe si no pensar en cómo acometer esta gigantesca desgracia, cómo evitar males mayores y remediar los acaecidos, auxiliar, ayudar. Y, ya se sabe, o pobo na rúa, trabajando sin medios y a la desesperada.

Es la Galicia de Rajoy, del Prestige, de Fraga y Feijóo, la Galicia del PP, de los caciques y la corrupción. Pasado el primer momento del desastre hay que exigir responsabilidades a unos gobernantes que no merecen nombre de tales.

En cuanto al tema del día, Cataluña, el otro incendio del gobierno en la otra punta, Rajoy debería estar mosca. Por mucho que se sulfure y emita requisitorias con exigencia de respuesta breve y en plazo, da la impresión de que en la otra parte no lo toman muy en serio. Y nada hay que enfurezca más a un matachín que se lo tomen a guasa. Irá a más la fumarola jupiterina y a más también la ironía en la respuesta hasta llegar al sarcasmo. ¿"Sí" o "no"? inquiere olímpico y amenazador el señor de La Moncloa y manda a alguno de sus correveidiles a precisar en los medios que solo se espera eso, un "sí" o un "no" escuetos, y que cualquier otra forma no se aceptará. O sea, facilitando las cosas.

Harto está uno de señalar la inepitud de esta fórmula. Y como los que la emplean no atienden a la razón lógica de que, siendo el "sí" y el "no" iguales en cuanto a los efectos, no hay dos opciones sino una sola, "sí", echamos mano a los Monty Python y sus caballeros que dicen "ní". Lo único que estos caballeros no pueden escuchar es "no". El "no" no es una opción, por mucho que el PSOE tenga preparada una ilusoria comisión de reforma constitucional en un incierto futuro y a la que ERC ya ha anunciado su inasistencia.

¿Lo entiende la alianza patriótica española? La respuesta al ultimátum del gobierno solo puede ser un "sí" lacónico o conceptista o un "sí" historiado y culterano. Tras el primer "sí", el conciso, hay otros tres días de espera en tanto el govern explica qué medidas piensa tomar para retornar a la legalidad. Son ganas de esperar pues es obvio que la Generalitat no tomará ninguna medida dado que es ella misma la supuesta rompedora de esa legalidad.

En el caso de que la respuesta sea el segundo "sí", pero con una nueva suspensión con oferta de diálogo, el gobierno puede hacer dos cosas: tomarla como un "sí" lacónico ignorando la oferta, en cuyo caso volvemos al primer supuesto, o bien seguir haciendo el ridículo. Al no ajustarse la respuesta al nudo "sí" y no aceptarla el gobierno este la dará por no formulada, según inveterada costumbre de no dar por real lo que no le gusta. Este conflicto está lleno de no-realidades; es el conflicto del no-referéndum, la no-DI y ahora, la no-respuesta. Ya puede Puigdemont mandar su oferta de nueva suspensión y diálogo por burofax. La Moncloa la dará por no recibida. "Esa respuesta de la que usted me habla no se ha dado y por tanto, yo lo que no puedo hacer es tomar medidas sobre algo que no se ha producido. El señor Puigdemont no ha contestado a la requisitoria en forma de ultimátum que nos vimos obligados a enviarle. A partir de ahí, ya tal."

He aquí lo que los linces del gobierno no habían previsto: ¿qué sucede si le Generalitat no contesta o contesta de forma inaceptable? Habrá que aplicar sin más espera el 155, cosa que nadie quiere salvo Rivera, según dice Sánchez. Quizá a algún cerebro de La Moncloa se le ocurra aprovechar los tres días inútiles de plazo que hay renovando la requisitoria: "La respuesta no vale. Envíenla de nuevo". Claro que ahí pueden encontrarse como los caballeros de Arturo, cuando llevaron el acuerdo del primer "ní" y se encontraron que ahora los del "ní" decían "Ekke, Ekke, Ekke, Ptang, Zoo-Boing", algo que los de Arturo ya no podían soportar.

La revolución catalana está en plena creatividad. A la sobrada que ha demostrado la gente durante la hoja de ruta y las organizaciones políticas y sociales trabajando al unísono, se une una habilidad política casi florentina en unos dirigentes que los nacional-españoles tienden a menospreciar con un orgullo nacido en la ignorancia. El govern es mucho govern para el gobierno, acostumbrado al ordeno y mando y aquí no hay nada que negociar. Sea lo que sea lo que el govern responda hoy, la decisión -y la responsabilidad- de iniciar la represión será del gobierno de España. 

Y con toda Europa mirando, cosa que saca de quicio a Rajoy quien se queja de que la prensa internacional refleja el conflicto con visión pro-catalana y sostiene que quien quiera estar bien informado lea prensa española, esa que, según el estudio Reuter de la Universidad de Oxford, es la menos creíble de Europa. Igualito que su ejemplo y referente Franco: menos viajar y más leer el Informaciones.




Vídeo del referéndum 1/10 en Palma de Cervelló


Ha tardado unos días, pero Carlos de Urabá ha hecho un trabajo espléndido. Ha relatado la noche de espera, el ambiente, el personal y ha mostrado cómo amaneció con un pueblo movilizado, que había defendido sus colegios electorales con sus solas personas, yendo a votar pacífica y alegremente.

Votar bajo la amenaza, votar bajo la agresión, votar siendo agredidos. Votar. Ganar.

Son imágenes que se graban en la memoria, que no se olvidan, momentos excepcionales, con un pueblo magnífico, digno, sujeto de una acción colectiva revolucionaria, pacífica y democrática.

Es un hecho único, sin precedentes. Pasará a la historia.

Un orgullo haber estado allí. Un orgullo y un privilegio.


domingo, 15 de octubre de 2017

El control de la realidad

El "mandato" de que habla El confidencial parece claro. Coincide con el espíritu de la calle, con la posición de la CUP y otras organizaciones. Y coincide asimismo con el ánimo del que hasta la fecha ha dado pruebas Puigdemont. El autoritario ultimátum del gobierno tendrá la única respuesta posible: Cataluña se declara República independiente y avisa a Rajoy de que sus requerimientos no tienen efecto en un país extranjero.

Esto es lo que los teóricos de las revoluciones llaman “quemar etapas”. En definitiva, una rebelión institucional que sus más enconados adversarios consideran un “golpe de Estado”, al frente de una sociedad catalana en generalizada actitud de desobediencia. Obviamente, quienes ven en el conflicto un puro asunto de orden público y de necesidad de imponer la ley coactivamente se reafirman en sus posiciones de intransigencia. Se dice incluso que no es preciso esperar al agotamiento del segundo plazo. Con la proclamación de la República ya hay base suficiente para proceder contra la Generalitat por todos los medios, empezando por la suspensión de la autonomía.

Al menos, en lo que cree el fiscal Maza, para quien el 155 faculta para sustituir las instituciones de autogobierno de la Generalitat. Se entiende que, de ser necesario, por la fuerza. ¿Cuánta? La que haga falta. Si la ocupación del Principado por la policía y la fuerza militar de la Guardia Civil no fuera suficiente, en reserva se encuentra el ejercito. Que Cospedal informe de que “casi seguro” no se emplearán las Fuerzas Armadas en Cataluña ya pone sobre aviso de que piensan en lo contrario. Trátase de un ejército que no ha ganado una sola guerra internacional en más de 300 años pero sí ha intervenido sistemáticamente en la política del país siempre en auxilio de los mismos y contra su propio pueblo, al que ha llegado a masacrar en alguna ocasión. Cosa de seguir con la tradición aunque ahora, muy probablemente, no pueda. La pertenencia a la UE y a la OTAN tiene sus contrapartidas.

Quizá sea llegado el momento de pedir al PSOE que recapacite en dónde está metiéndose al apoyar una política de represión policial y militar de una reivindicación política con un enorme apoyo social en Cataluña. O puede que aún sea temprano y este partido esté dispuesto a justificar ante el mundo un estado de excepción en el Principado, la supresión del Parlament y el encarcelamiento del gobierno.

Porque esta es la fuerza, la violencia que será preciso desplegar para atajar el funcionamiento de la República Catalana, para hacer realidad el juicio del gobierno de que la DI carece de efectos jurídicos y, por lo tanto, la República Catalana no existe. Nada nuevo. Corresponde con la actitud mágica y supersticiosa de negar la existencia de lo que incomoda. Es el mismo gobierno que negó que fuera a celebrarse un referéndum y niega hoy que se haya celebrado porque tiene un grave problema de percepción de la realidad. Que fuera preciso un brutal asalto policial a Cataluña, con 900 heridos y la aplicación de hecho del estado de excepción no es asunto que preocupe a los gobernantes. El referéndum no ha existido; los policías, tampoco; los heridos, menos. Negar la realidad es no poder  controlarla

Para muchos –probablemente casi todos- los analistas, la proclamación de la República es un acto sin consecuencias por ser ultra vires ya que, al no ser Cataluña soberana, no puede cambiar su estatus jurídico-político por su cuenta. Por lo tanto, no es preciso negar la existencia de la República Catalana. La Republica Catalana no existe, por mucho que insista en su soberanía que el Estado niega. Salvo que, por ejemplo, la reconozca algún otro Estado con el que España probablemente romperá las relaciones diplomáticas.

La inexistente República Catalana solemnemente proclamada en condiciones revolucionarias será fuente de todo tipo de disgustos para el Estado español, que está obligado a suprimirla. Aquí cabe plantear la cuestión de que, si para borrar de la realidad de un referéndum de 2.220.000 votantes (y sin conseguirlo) han sido necesarios 10.000 policías y guardias civiles, unos barcos, 900 heridos y cuantiosos daños materiales en escuelas, centros deportivos, etc., ¿qué será preciso para ocultar, suprimir, la República Catalana? 

Podemos dejar rienda suelta a la fantasía e imaginarnos escenarios de toque de queda en Barcelona, pero lo cierto es que, llegados a este punto de confrontación, la situación ya no es sostenible para el gobierno y mucho menos lo será si incrementa su actividad represiva en una sociedad que se ha declarado en desobediencia no solo frente al gobierno sino frente al Estado.

Porque es una revolución.